La verdad es que, viendo el vídeo, me he quedado con las ganas de que Beatriz Montañez perdiera los papeles y le espetara al caballero de la cadena de "los valores" INTERECONOMÍA un pa`puta tu madre. Pero no, como lo guapa muchacha tiene más clase que yo, obvia el comentario y sigue a lo suyo. Un gesto de gran valor ante una marejada que es mar de fondo, cuyos coletazos van más allá de la controversia, de lo políticamente correcto o deseable en una sociedad que pretende procurarse unos medios de comunicación serios. Batalla perdida hace años, que se enrarecerá a buen seguro con el intento este de la TDT.
La última gracia de Wyoming ha colmado de chismorreo tendencioso lo más nutro de la tertulia de la actualidad; se difundió con rapidez, se habló en medios nacionales y, cómo no, nos llegó a todos por email como una de las muestras más evidentes de la -sobadísima- hipocresía progre y de izquierdas, para justificar los detestables argumentos de los que se autoproclaman como auténticos defensores de la libertad, atacando como vemos a los que ellos califican de sectarios (¿?) cualesquiera que sean sus orígenes o tendencias, lo cual no deja de tener su encanto, pues es claro que muchos de estos comunicadores, sino todos, pertenecen a sectas hechas y derechas -sobretodo derechas-, y a grupos de poder por encima del poder.
El caso es que, retomando el vídeo de la bronca de El Gran Wyoming con la supuesta becaria, no podemos negar que nos estremeció y nos inquietó, porque en un primer momento nos lo creímos, aunque quizá el momento más flaco de la interpretación sea en el que interpela a Beatriz Montañez haciéndola guardar silencio. En cualquier caso, broma o no, es un espectáculo deleznable que de haber sido cierto, y sin querer, hubiera mancillado la simpatía que uno tiene por la persona y quizá por el talento comunicador de Wyoming, aunque sepamos de sobra que nunca con éste va incluido el carácter de aquel que está detrás, que lo tendrá.
Por otra parte el gachó que presenta el programa e interpreta el guión al mismo tiempo que lo lee -malísimo, por cierto- se define a sí mismo ante los ojos de cualquier persona meridianamente inteligente, y sólo un necio -que habeilos, hailos, y a patadas...- le defendería con uñas y dientes y a buen seguro, de poder, también con fusil, siendo esta una conclusión que saca uno de esa pérdida de tiempo que supone ponerse a leer los comentarios que lo mejor de cada casa aporta a los vídeos de Youtube o a las ediciones digitales de los periódicos. Eso por no hablar de la puerilidad que manifiesta en los contenidos así como en el séquito que lleva de prudentillos de la moralina seminarista, que se ponen nerviosos al pronunciar palabras que, por cierto, si están incluídas en el DRAE, como el vídeo pone en jocosa evidencia.
Así que el burdo imitador losantiano -vaya escuela...- merece ser obviado y reducido al absurdo, pero no las repercusiones más o menos relevantes de cada lindeza que larga con esa alegría cuyos límites están entre la fe que profesa a vaya usted a saber qué Dios y el número de televidentes que, necesariamente idénticos a él, le soportan. Por mucho que se empeñen algunos en abrir debates éticos sobre la idoneidad de la azaña, aunque mal gusto en si misma no le falte, resulta utilísimo al común que se exponga qué se hace de lo que se dispone y para qué. Entrando en ese debate, lo cerrarían los mismos, que no están precisamente para dar lecciones ni de periodismo, ni de deontología de la comunicación. Y a fin de cuentas, a Wyoming o se le venera o se le odia, como está demostrando el hecho; audiencia en sí, más allá de la puntual ya registrada, no creo que gane de forma significativa a corto plazo.
Por tanto, concluimos que al margen de la libertad de que cada uno dispone para ver lo que cree conveniente, creer o no lo que ve, o darle validez a las pruebas que se le presentan, a uno le resulta muy atractiva la broma en su forma, así como el trabajo que también desarrolla el bueno de Jordi Évole, pues nos demuestra a todos los que estamos al otro lado de la curva normal de lo inteligible que en comunicación, en televisión y en información el nivel de contaminación y manipulación es altísimo, y que se nos puede meter, y se nos mete, doblada de una forma gratuita y sencilla atendiendo a intereses diametralmente opuestos a lo que representa la veracidad y el rigor en virtud de un poder que intenta mover unos hilos tan sensibles como peligrosos, cuyos caminos, seguramente y a la postre, nos lleven a Roma.
Entre tanto Camino, la gran triunfadora de los Goya.
Malditos sean.



